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← Diario · 14 de septiembre de 2026

Dos semanas arreglando algo que nunca estuvo roto

Hice un editor de historias nuevo. Recortar la foto, poner texto encima y moverlo con el dedo. Lo publiqué, lo abrí en el móvil y no funcionaba nada.

La foto no aparecía. Los botones no respondían. Se quedaba pillado y había que cerrar y volver a entrar.

Lo primero que pensé fue que había metido demasiadas cosas a la vez. Reviertes y ya está.

Revertí y seguía igual

Ahí empezó lo raro. Volví atrás y el problema seguía. Volví más atrás, lo mismo. Y en algún momento de esa tarde decidí que el problema era el rendimiento: la aplicación iba lenta, había que optimizarlo todo, meter caché, que fuera fluida.

Estuve convencido de eso un par de días.

El lunes fui a mirar los tiempos de la base de datos, esperando encontrar algo horroroso. Las consultas tardaban entre treinta y sesenta milisegundos. Nada. Con quince usuarios y cuarenta y nueve publicaciones no hay nada que optimizar.

Era un número

El editor se dibuja en una capa alta de la pantalla, por encima de todo lo demás. El recortador de fotos, en una capa más baja.

O sea que cuando elegías una foto, el recortador se abría detrás del fondo negro del editor. Ahí estaba, funcionando perfectamente, invisible. Y como es una ventana de las que bloquean todo lo que hay fuera mientras están abiertas, dejaba muertos todos los botones.

Por eso no veías la foto. Por eso nada respondía. Por eso parecía que iba lento.

El arreglo fueron tres líneas.

El código estaba bien desde el principio. Lo único mal puesto era un número que decide qué se pinta encima de qué.

Lo que me llevo, que no es lo técnico

Que "va lento" no es un diagnóstico. Es una sensación. Y yo la convertí en un plan de trabajo.

Durante dos días estuve dispuesto a reescribir medio proyecto por una intuición. Y si llego a hacerlo, habría reescrito código que funcionaba, probablemente habría roto otras cosas, y el fallo seguiría ahí, porque no estaba donde yo miraba.

Hay una diferencia enorme entre "no funciona" y "no funciona porque". Y cuando estás cansado y frustrado, te saltas la segunda parte. Quieres arreglarlo ya, y arreglar sin saber qué está roto es la forma más rápida de romper otra cosa.

Ahora, cuando algo falla, intento aguantar las ganas de tocar nada hasta poder explicar en una frase qué está pasando. No siempre lo consigo. Pero las veces que sí, el arreglo suele ser de tres líneas.

Víctor · fundador de VeinteSocial
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