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Solo entra quien es invitado

← Diario · 15 de septiembre de 2026

Tres semanas pidiendo que entrara gente por una puerta cerrada

Hay un error que me va a costar olvidar. El formulario de la web, el único sitio donde alguien puede pedir entrar en Veinte, llevaba tres semanas sin funcionar.

Desde el 25 de agosto hasta ayer.

Cualquiera que rellenara su nombre, su correo y por qué quería entrar, recibía un mensaje en rojo: "no hemos podido enviarla, inténtalo en un momento". No llegaba nada. No se guardaba nada.

Qué había pasado

Una línea sin rellenar.

El formulario necesita una clave para poder guardar la petición. Cuando actualicé la web, esa línea se quedó con un texto de relleno en vez de la clave de verdad. Algo así como "pon aquí tu clave". Y subí el archivo tal cual.

Lo peor es que la web seguía viéndose perfecta. Los textos, las animaciones, el diseño. Todo impecable. El único trozo que no funcionaba era justo el que importa.

Lo que estuve haciendo mientras tanto

Publicando en Instagram. Escribiendo aquí. Mandando el enlace por WhatsApp. Pensando en si el nombre tenía suficiente gancho, si el diseño convencía, si debería hacer un vídeo, si el problema era el SEO.

Tres semanas preguntándome por qué no entraba nadie, con la puerta cerrada con llave.

No sé cuánta gente lo intentó. Puede que ninguna, y entonces esto es solo una anécdota tonta. Puede que fueran cinco, y entonces perdí cinco personas por no comprobar un formulario.

Nunca lo voy a saber, y esa parte es la que peor llevo.

La lección obvia y la que no lo es

La obvia: prueba el formulario. Cada vez que toques la web, rellénalo tú y comprueba que llega. Cuesta treinta segundos.

La otra es peor y va más al fondo. Yo había sacado una conclusión: "la gente no quiere entrar". Me había convencido, había empezado a replantearme el proyecto entero a partir de ahí, y estuve a punto de tomar decisiones grandes con esa idea en la cabeza.

Estaba interpretando un silencio que no era tal. No es que nadie llamara. Es que el timbre no sonaba.

Y esto me pasa más de lo que me gustaría. Ver un dato, contarme una historia que lo explique, y quedarme con la historia. Cuando la mitad de las veces el dato viene de algo mucho más tonto: un formulario roto, un enlace mal puesto, un correo que acabó en spam.

Antes de decidir que nadie quiere lo que haces, comprueba que se puede llegar hasta ello. Parece de cajón escribiéndolo. No lo fue tanto viviéndolo.

Víctor · fundador de VeinteSocial
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