La semana en que por fin entró gente
Después de arreglar la puerta, entraron diecisiete personas en un día. Y entonces descubrí que el problema ya no era que entraran, sino qué encontraban al entrar.
El diario de Veinte
Construir una red social desde cero, contado según ocurre: los aciertos, los fallos y las decisiones que cuestan.
Lo escribe Víctor, que es quien programa Veinte por las noches. Aquí no hay notas de prensa: hay un formulario que estuvo roto tres semanas, una sección que no usó nadie y cifras pequeñas contadas tal cual.
Después de arreglar la puerta, entraron diecisiete personas en un día. Y entonces descubrí que el problema ya no era que entraran, sino qué encontraban al entrar.
El formulario para pedir invitación llevaba tres semanas devolviendo un error. Mientras tanto yo me preguntaba por qué no entraba nadie.
Reescribí, revertí, me convencí de que era el rendimiento. El fallo era un número que decide qué se pinta encima de qué.
Un favor personal, no una campaña. Casi nadie quiso. Eso me ha enseñado más que cualquier análisis.
Siempre acaba saliendo la misma pregunta: ¿y de qué vas a vivir? No tengo una respuesta redonda, pero sí clara la mitad.
Cero vídeos en dos meses, con la pestaña ocupando un sitio permanente en la barra de abajo. La quité tras el comentario de un usuario.
El código no fallaba, y esa es la parte que da miedo. Todo verde, cero errores, y cinco archivos que se quedaban en el servidor.
Creé una cuenta como un usuario más. Entré, y no había nada. Ese silencio explicaba meses de datos.
Habrá más. Sin calendario fijo: se escribe cuando pasa algo que merezca contarse.